En Don Juan Tenorio… y el precio es la vida, el actor interpreta a Rafael de Avellaneda y encuentra en un clásico del siglo XIX preguntas sobre la lealtad, el poder, la traición y las consecuencias de nuestras decisiones.
Por: Rodrigo Pujol Del Toro
¿Qué ocurre cuando una obra clásica deja de ser solamente un monumento literario y vuelve a interrogarnos sobre la manera en que nos relacionamos con los demás? Esa es una de las preguntas que plantea Don Juan Tenorio… y el precio es la vida, montaje dirigido por Noé Alvarado que regresa al Instituto Cultural Helénico con una propuesta que conserva el texto completo de José Zorrilla, pero busca acercar sus personajes al público contemporáneo.
Para Antonio Denetro, quien se integra al elenco como Rafael de Avellaneda, el atractivo de esta puesta consiste precisamente en ir más allá del verso y la poesía. El reto no es solo pronunciar un texto clásico con rigor, sino encontrar la dimensión humana de sus personajes: sus contradicciones, sus afectos y las decisiones que los colocan frente a sus propios límites.
“Algo que a mí me fascinó de esta compañía y del trabajo que están haciendo tanto el director como el elenco es que lo llevan a otro nivel”, cuenta durante la entrevista. En lugar de reducir la obra a una sucesión de escenas solemnes, explica, el montaje trabaja para que sus figuras sean dinámicas, profundas y complejas.
La amistad también tiene límites

En el universo de Don Juan Tenorio, Rafael de Avellaneda ocupa una posición particular. Es amigo de Don Luis y del capitán Centellas, pero también mantiene una relación cordial con Don Juan. Esa cercanía se vuelve incómoda cuando la conducta de Don Juan entra en conflicto con su lealtad hacia Don Luis.
Para Denetro, la contradicción del personaje está en saber que puede llevarse bien con alguien y, al mismo tiempo, reconocer que esa persona ha traicionado a un amigo. La simpatía no borra el daño; la cercanía no elimina la responsabilidad.
Ese conflicto, aunque transcurre en el contexto de una obra del siglo XIX, conserva una resonancia reconocible. Las relaciones humanas no siempre se dividen entre buenos y malos, y las lealtades pueden enfrentarnos con decisiones incómodas. ¿Qué hacemos cuando alguien a quien apreciamos lastima a otra persona? ¿Hasta dónde llega la amistad cuando se pone a prueba por la conducta de quienes queremos?
El personaje permite explorar esas preguntas desde un lugar menos evidente que el del protagonista. Mientras Don Juan concentra gran parte de la atención por su fama de seductor, Avellaneda ofrece la perspectiva de quien observa sus acciones, lo conoce y debe convivir con sus consecuencias.
Desmontar el mito sin abandonar el clásico
Escrita por José Zorrilla en el siglo XIX, Don Juan Tenorio se convirtió en una de las obras más reconocibles del teatro español y mantiene una presencia especial en las temporadas teatrales cercanas al Día de Muertos en México. Su estructura combina el conflicto amoroso con una dimensión moral y sobrenatural que conduce al protagonista a enfrentarse con el sentido de sus actos.
La versión que presenta Ágora Compañía Teatral apuesta por conservar la obra completa y el verso original. No obstante, la propuesta escénica también se plantea revisar la imagen idealizada de Don Juan. En la información de la temporada, la producción señala que la puesta busca poner bajo la lupa asuntos como el machismo, la impunidad y el abuso de poder.

El propósito no es desechar el lenguaje clásico, sino permitir que las preguntas que contiene vuelvan a circular. La seducción, la transgresión y el carisma del protagonista no necesitan ser vistos como virtudes indiscutibles; también pueden examinarse a partir del impacto de sus decisiones sobre otras personas.
En la conversación con Denetro, esa revisión aparece a través de los dilemas de los personajes. El actor destaca que la obra invita a pensar en la traición, el poder, la amistad y la paternidad, así como en la forma en que las decisiones personales conducen hacia determinados desenlaces.
La vigencia del clásico, bajo esta mirada, no depende de fingir que el mundo de Zorrilla es idéntico al presente. Depende de reconocer que las tensiones entre deseo, responsabilidad, lealtad y consecuencias siguen formando parte de la experiencia humana.
El escenario también cuenta la historia
La propuesta de Noé Alvarado no se limita a trabajar con el texto. La arquitectura del Instituto Cultural Helénico forma parte de la experiencia: el montaje utiliza el Claustro Románico y la Capilla Gótica como espacios escénicos, con música en vivo, vestuario y un elenco de 27 artistas. La ambientación se complementa con tapas españolas y vino tinto, recursos que acercan la experiencia al universo cultural de la obra.
Para Denetro, que regresa al teatro después de cinco años dedicados principalmente a proyectos de cine y televisión, el montaje también ha sido un ejercicio de escucha y adaptación. La energía que exige actuar en vivo, el ritmo del verso y la interacción con el público implican una disciplina diferente a la del trabajo frente a cámara.
El actor reconoce el desafío de recuperar ese rigor, pero destaca el entorno de colaboración que encontró en la compañía. Sobre el director, subraya que permite explorar, probar y arriesgarse, elementos que favorecen una construcción menos rígida de los personajes.
Esa libertad resulta importante para una obra cuyo lenguaje puede parecer distante para el público actual. La interpretación tiene la tarea de convertir el verso en acción, emoción y conflicto, en lugar de presentarlo como una pieza de museo.
Un regreso marcado por la memoria

La relación de Denetro con el montaje añade otra capa a esta lectura. Su primera experiencia profesional fue una versión de Don Juan Tenorio cuando tenía 16 años. Su padre también participó en esta obra en distintas ocasiones y, al investigar su árbol genealógico, el actor descubrió que su bisabuelo materno había interpretado el mismo clásico aproximadamente ocho décadas atrás.
Quince años después de aquel debut, el regreso al escenario tiene algo de círculo que se cierra, aunque no se trata de volver al mismo lugar siendo la misma persona. La experiencia audiovisual, la formación y el paso del tiempo le permiten acercarse a la obra desde otra posición, con nuevas preguntas y una perspectiva distinta sobre el oficio.
Tal vez ahí radique una de las posibilidades del teatro clásico: cada generación recibe un texto heredado, pero debe encontrar su propia manera de habitarlo. El verso permanece; cambia la mirada desde la que se escucha.
En Don Juan Tenorio… y el precio es la vida, la invitación es observar a los personajes en toda su complejidad y no quedarse únicamente con su leyenda. La amistad puede entrar en conflicto con la lealtad; el poder puede esconderse tras el encanto; y una decisión que parece individual puede cambiar la vida de otros.
Temporada en el Instituto Cultural Helénico
Don Juan Tenorio… y el precio es la vida, con dirección de Noé Alvarado y la participación de Antonio Denetro como Rafael de Avellaneda, se presenta del 23 de octubre al 15 de noviembre de 2026 en el Instituto Cultural Helénico, en avenida Revolución 1500, colonia Guadalupe Inn, Ciudad de México. Las funciones son los viernes y sábados a las 19:00 horas y los domingos a las 18:00 horas, con una función especial anunciada para el lunes 2 de noviembre a las 18:00 horas.
Más información en https://helenico.edu.mx/cartelera-teatro-cdmx/ y boletos en https://elprecioeslavida.boletopolis.com/.
Más que ofrecer una respuesta definitiva sobre quién es Don Juan, esta puesta propone una experiencia para volver a mirar sus acciones y preguntarnos qué hacemos con las contradicciones de las personas que nos rodean —y con las nuestras.
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