La ofrenda como encuentro entre la vida y la muerte: la apuesta cultural de la Feria de las Calacas

En su edición 26, el encuentro de Alas y Raíces propone mirar el Día de Muertos desde la memoria, el juego y la imaginación de las infancias. Daniel García explica cómo una ofrenda se convirtió en el concepto central de más de 380 actividades artísticas.

Por: Rodrigo Pujol Del Toro

Una ofrenda es mucho más que un conjunto de objetos colocados para recordar a quienes han muerto. Es un espacio donde las familias reúnen fotografías, alimentos, flores y símbolos para sostener un vínculo con quienes ya no están. También es un ritual compartido, una manera de transmitir historias y una oportunidad para que las nuevas generaciones conozcan las formas en que una comunidad enfrenta la ausencia.

Esa idea se encuentra en el centro de la XXVI Feria de las Calacas, que el 31 de octubre y el 1 de noviembre de 2026 reunirá más de 380 actividades gratuitas en el Centro Nacional de las Artes (Cenart) y el Pabellón de Cultura Comunitaria, en la Ciudad de México.

El festival, organizado por la Secretaría de Cultura del Gobierno de México a través de Alas y Raíces, el Cenart y la Dirección General de Vinculación Cultural, en alianza con UNICEF México, está dirigido a bebés, niñas, niños, adolescentes y familias. Su propuesta combina teatro, danza, música, narración oral, talleres, gráfica, ofrendas y experiencias artísticas para distintas edades.

Pero la cifra de actividades no es lo único que define a esta edición. Para Daniel García, jefe del Departamento de Programación de Espectáculos de Alas y Raíces, la identidad de la feria comienza mucho antes de elegir una obra o un espectáculo: nace de una idea que permite conectar las distintas propuestas entre sí.

Una idea para reunir distintas formas de recordar

García explica que el equipo de programación trabaja desde los primeros meses del año en un concepto que guía la curaduría de cada edición. Para 2026, la decisión fue tomar la ofrenda como eje.

“Este espacio en donde se concentra tanto lo físico, lo material, es decir, los vivos, las personas vivas. Hacemos un ritual para poner nuestra ofrenda, pero también sucede lo simbólico, porque ahí es en donde llegan las personas que nos han abandonado, ahí es en donde confluyen y se encuentran la vida y la muerte”, señala en entrevista.

La definición ayuda a comprender la amplitud de la programación. El teatro, la música, la narración oral y los talleres no funcionan como una suma de actividades aisladas, sino como distintas formas de abordar una pregunta común: cómo recordar, cómo contar la ausencia y cómo compartir esos relatos con quienes apenas comienzan a construir su propia relación con la tradición.

En ese sentido, la feria no pretende que las infancias sean únicamente espectadoras de una celebración heredada. La apuesta es permitirles participar, preguntar, experimentar e interpretar los símbolos desde su propia imaginación.

La presencia de 16 ofrendas, con perspectivas tradicionales y contemporáneas, refuerza esa intención. Cada una puede convertirse en un punto de partida para hablar de memoria, comunidad, afectos y las maneras en que los rituales adquieren significado en distintos contextos.

Transmitir una tradición sin convertirla en una pieza inmóvil

La Feria de las Calacas cumple 26 años, mientras que el programa Alas y Raíces llega a su trigésimo aniversario. Para García, esa continuidad tiene que ver con el trabajo de una política cultural que ha construido un espacio propio para acercar las artes a las infancias.

Cuatro años después del surgimiento de Alas y Raíces nació la feria en el Centro Nacional de las Artes, con actividades alrededor del Día de Muertos dirigidas a bebés, niñas, niños y adolescentes. Desde entonces, el encuentro ha mantenido una programación que combina tradición, creación artística y experiencias para las familias.

El desafío de una iniciativa con esa trayectoria es conservar su identidad sin repetir fórmulas. La respuesta, según García, está en diseñar cada edición alrededor de un concepto y abrir espacio a distintas disciplinas.

Este año, la oferta incluye Cagulla, la historia de la niña que nació del bambú, una producción de Alas y Raíces que articula narración oral, música y danza butó. También contempla conciertos de Triciclo Circus Band y Sonido Gallo Negro, además de propuestas de Pim Pau, Yucatán A Go Go y Orquesta Basura.

La exposición fotográfica “Desde que te ausentaste”, integrada por 32 imágenes de Mariana Yampolsky, agrega otra dimensión a ese diálogo. La muestra recupera la mirada de una fotógrafa que documentó con sensibilidad y respeto tradiciones y rituales relacionados con la muerte en diversas comunidades mexicanas. La memoria, en este caso, se convierte en imagen: una forma de acercarse a las prácticas de otros lugares y reconocer la diversidad cultural del país.

El arte como espacio para convivir

La colaboración con UNICEF México aporta otra dimensión al encuentro. Además de las actividades artísticas, la feria busca funcionar como un espacio seguro de convivencia presencial y de ejercicio del derecho al juego. La propuesta incluye la elaboración de pequeños altares y una invitación a apoyar, mediante donativos, a niñas y niños que atraviesan situaciones difíciles.

En una vida cotidiana atravesada por pantallas y conexiones digitales, el encuentro presencial adquiere un valor propio: compartir un espectáculo, escuchar una historia, participar en un taller o recorrer una ofrenda en compañía de otras personas.

El objetivo no es enfrentar tradición y modernidad, sino ofrecer experiencias en las que las infancias puedan relacionarse con su entorno cultural desde la curiosidad y la participación. La feria propone que la memoria no sea solo algo que se recibe de las generaciones anteriores, sino algo que cada nueva generación puede conocer, interpretar y mantener vivo.

La actividad Raíces de Arteaga: Sones que trascienden el tiempo, con expresiones de música y danza de Michoacán, amplía esta perspectiva. A través de la colaboración entre instituciones culturales y comunidades, el programa promueve el intercambio entre expresiones regionales y públicos de la capital.

De la Ciudad de México a Colombia: una tradición que viaja

El alcance de Alas y Raíces también rebasa las fechas de la feria. García explica que el programa organiza festivales durante todo el año, entre ellos actividades dirigidas a la primera infancia, propuestas en torno al Día del Niño y una celebración dedicada al juego.

Además, el trabajo llega a las 32 entidades de la República mediante coordinaciones estatales de desarrollo cultural infantil. Esto permite que las actividades no dependan exclusivamente de los grandes encuentros anuales, sino que formen parte de una presencia cultural sostenida en distintas comunidades.

La circulación de las expresiones artísticas tendrá una dimensión internacional en noviembre. En colaboración con la Embajada de Colombia, Alas y Raíces llevará a partir del día 13 una muestra de la Feria de las Calacas a una feria en ese país, con narración oral, talleres y una ofrenda tradicional.

La iniciativa amplía el intercambio cultural más allá de las fronteras y permite que una celebración arraigada en México dialogue con otros públicos. No se trata simplemente de trasladar una imagen del Día de Muertos, sino de compartir narraciones, prácticas y formas de creación vinculadas con la memoria.

La cultura también se construye desde la infancia

La Feria de las Calacas llega a su edición 26 con una agenda extensa, pero su propósito puede entenderse a partir de una idea sencilla: las tradiciones permanecen vivas cuando existe la posibilidad de experimentarlas y darles nuevos significados.

A través de los espectáculos, las fotografías, los talleres y las ofrendas, el encuentro abre un espacio donde el arte facilita conversaciones que no siempre resultan sencillas. Hablar de la muerte con niñas y niños no implica reducir la complejidad del tema, sino acompañar sus preguntas mediante lenguajes adecuados a sus edades, con sensibilidad y respeto.

La ofrenda permite hacerlo porque reúne lo visible y lo simbólico, el presente y el recuerdo, la experiencia individual y la memoria colectiva. Es un espacio doméstico, pero también una expresión cultural compartida. Y cuando las infancias participan en su construcción o recorren sus distintas interpretaciones, la tradición deja de ser un objeto distante para convertirse en una experiencia propia.

XXVI Feria de las Calacas: fechas y sedes

La feria se realizará el sábado 31 de octubre y el domingo 1 de noviembre de 2026, con entrada gratuita, sujeta al cupo de cada espacio.

La sede principal es el Centro Nacional de las Artes, ubicado en avenida Río Churubusco 79, colonia Country Club, Coyoacán. El Pabellón de Cultura Comunitaria, en avenida Constituyentes 270, Segunda Sección del Bosque de Chapultepec, recibirá actividades el sábado 31 de octubre, de 11:30 a 16:00 horas.

La programación puede consultarse en https://alasyraices.gob.mx/feria-calacas-2026/ y en https://mexicoescultura.com/.

En una tradición que recuerda a quienes ya no están, la Feria de las Calacas también habla del futuro: de las historias que se transmitirán, de las preguntas que surgirán y de las formas en que las nuevas generaciones encontrarán su propia relación con la memoria. El arte y el juego son, en esta edición, los puentes que conectan esas experiencias.

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