Ánfora: 85 años alrededor de la mesa, cuatro generaciones y una pregunta sobre el futuro

La historia de Almacenes Ánfora comenzó con una pequeña tienda de regalos y cristalería en Ciudad de México. Hoy, la cuarta generación de la familia busca preservar ese legado mientras transforma la manera en que los mexicanos compran para cocinar, servir y habitar sus hogares

Por: Rodrigo Pujol Del Toro

Hay historias empresariales que pueden contarse a través de cifras: número de tiendas, porcentaje de ventas, expansión territorial o crecimiento del comercio electrónico. Pero existen otras que necesitan una medida diferente. La memoria.

La historia de Almacenes Ánfora pertenece a esta segunda categoría.

Su recorrido comenzó en 1940, cuando Mercedes Larrondobuno Izurrategui abrió una pequeña tienda de regalos en Ciudad de México. Entre sus primeros productos estaban los vasos, jarrones y ceniceros de cristal cortado. Con el tiempo llegaron las piezas de loza, la cubertería y las vajillas, y aquel pequeño negocio comenzó a convertirse en una empresa familiar.

Más de ocho décadas después, la compañía se encuentra en manos de la cuarta generación. Manuel Quintana Garay, su Director General, representa precisamente ese vínculo entre una historia que comenzó en otra época y un consumidor que hoy compra de una manera radicalmente distinta.

“Los valores creo que son bien claros: honestidad, colaboración, trabajo en equipo y siempre cumplir con tu palabra”, dice Quintana Garay cuando habla de aquello que ha permanecido a través del tiempo.

La respuesta resulta significativa porque resume uno de los grandes desafíos de las empresas familiares: cómo cambiar sin dejar de ser reconocibles.

Una historia que comenzó con una tienda pequeña

Antes de convertirse en una red de 35 sucursales, Ánfora fue un negocio pequeño.La historia familiar cuenta que durante la Segunda Guerra Mundial la empresa atravesó una etapa complicada. Una relación comercial con la Fábrica de Loza “El Ánfora” permitió que el negocio encontrara una salida y se reestructurara.

Como reconocimiento a aquella relación, la tienda adoptó el nombre que conserva hasta nuestros días.Después llegaría la sucursal de López y Victoria, en el Centro de Ciudad de México, que se convertiría en la tienda insignia y la más antigua de la empresa todavía en operación.

Lo interesante de esta historia no es únicamente su antigüedad, sino la forma en que un negocio originalmente asociado con regalos y cristalería terminó construyendo una identidad alrededor de la mesa, la cocina, el hogar y la gastronomía.

Cuando la tradición tiene que aprender a hablar digital

La permanencia de una marca no garantiza su futuro.

Quintana Garay lo sabe y por eso identifica como uno de los principales retos de Ánfora la necesidad de conectar con consumidores jóvenes sin perder a quienes llevan décadas visitando sus tiendas.

“Estamos en un punto transgeneracional”, explica.

La expresión describe un fenómeno particular: hay consumidores que conocieron Ánfora a través de sus madres o abuelas, mientras que las nuevas generaciones pueden encontrar la misma empresa desde una pantalla.

Actualmente, entre 7% y 8% de las ventas totales provienen de la página www.almacenesanfora.com, según los datos proporcionados por el directivo.

La meta es alcanzar el 10% durante el primer trimestre del próximo año.

Pero la transformación digital también implica modificar la experiencia alrededor de la compra. La compañía desarrolló una aplicación que incorpora recetas, ingredientes, utensilios y métodos de preparación, además de promociones y novedades.

El objetivo es interesante porque desplaza la relación con el consumidor: Ánfora ya no quiere aparecer solamente cuando alguien necesita comprar un plato, una olla o una copa, sino también cuando está pensando qué cocinar.

Comprar también es aprender

En esa transformación existe una idea que merece atención.Durante mucho tiempo, las tiendas especializadas funcionaron como lugares donde el consumidor acudía con una necesidad concreta. Hoy, las plataformas digitales permiten que las marcas acompañen también la inspiración.

Una receta puede convertirse en una lista de compras. Un ingrediente puede llevar a un utensilio. Una tendencia gastronómica puede terminar en una nueva colección de vajilla.

Ánfora está construyendo precisamente ese recorrido.La compañía trabaja además en modificaciones a su plataforma y en procesos internos para agilizar la preparación de pedidos, mientras mantiene alternativas como el envío a domicilio y la posibilidad de recoger las compras en tienda.

La tienda física y la digital dejan así de ser necesariamente dos espacios separados.

El mundo como escaparate

Para Quintana Garay, la innovación también empieza lejos de México.Su trayectoria dentro de la empresa incluye áreas de operaciones y compras, y es precisamente en esta última donde encontró una de sus principales pasiones profesionales.

Visitar ferias internacionales le permite observar hacia dónde se dirige la industria: nuevos colores, materiales, formas, tendencias y conceptos que posteriormente pueden ser adaptados al mercado mexicano.

Ferias en Europa y Estados Unidos forman parte de ese circuito de observación.Pero la intención no es copiar lo que sucede afuera. El reto está en “tropicalizar” las tendencias, como explica el directivo: identificar qué puede tener sentido para México y convertirlo en una propuesta adecuada para sus consumidores.

La estrategia parte de una premisa sencilla: conservar los productos tradicionales, pero no quedarse únicamente con ellos.

De las familias a los restaurantes

La relación de Ánfora con la gastronomía profesional representa otra dimensión de su historia.La empresa cuenta con una nueva tienda especializada para hoteles, restaurantes y cafeterías, ubicada en López 50, en Ciudad de México.

Es una señal de cómo ha evolucionado el negocio. La misma compañía que comenzó vendiendo vasos y objetos de cristal a los consumidores de una pequeña tienda ahora atiende también las necesidades de establecimientos profesionales.

Y hay un elemento simbólico en esa relación.En una mesa de restaurante, particularmente en aquellos establecimientos que buscan construir una experiencia gastronómica integral, la vajilla, la cristalería y los utensilios forman parte de la narrativa visual del plato.

Quintana Garay reconoce la responsabilidad que representa para Ánfora participar en ese ecosistema y mantener la confianza de quienes toman decisiones sobre lo que llega a las mesas.

La expansión no se detiene

La transformación de la empresa tampoco se limita al ámbito digital.

Ánfora cuenta actualmente con 35 sucursales y continúa ampliando su presencia en diferentes regiones del país.En 2026 abrió una nueva tienda en la Zona Plateada de Pachuca y una unidad especializada para el segmento profesional en Ciudad de México.

El siguiente paso contempla dos nuevas sucursales en Mérida, Yucatán, con lo que la compañía llevará su modelo a un nuevo mercado.

La expansión resulta particularmente significativa porque ocurre en un momento en que buena parte del comercio minorista está obligado a replantear el papel de sus espacios físicos frente al crecimiento del comercio electrónico.

Ánfora, en cambio, está apostando por ambos mundos.

El futuro de una empresa familiar

Quintana Garay llegó a la empresa hace 16 años y hoy representa a la cuarta generación de una historia que comenzó con su bisabuela.Eso convierte la celebración de los 85 años en algo más que un aniversario corporativo.Es también un ejercicio de continuidad familiar.

Mercedes Larrondobuno Izurrategui inició el negocio con una pequeña tienda de regalos y cristalería. Décadas después, su bisnieto habla de aplicaciones móviles, comercio electrónico, tendencias internacionales, restaurantes, nuevas sucursales y consumidores digitales.

Entre ambos momentos hay una transformación enorme, pero también una línea que permanece.

Cambian las vajillas, los colores, los materiales, las plataformas de compra y las generaciones; sin embargo, la necesidad de cocinar, compartir y sentarse alrededor de una mesa continúa siendo uno de los puntos de encuentro de la vida cotidiana.

Quizá ahí está una de las claves para entender la permanencia de Ánfora.No se trata solamente de vender objetos para la cocina o el comedor. Se trata de formar parte de los rituales alrededor de ellos.

Y ahora la cuarta generación tiene la tarea de llevar esa historia hacia un consumidor que probablemente ya no llegue acompañado de su abuela a una tienda, sino que descubra una receta desde el teléfono y termine comprando una vajilla desde una aplicación.

Quintana Garay lo resume con una aspiración que mira directamente hacia el futuro: seguir otros 85 años.Porque para una empresa familiar, conservar el pasado no necesariamente significa permanecer igual.A veces significa encontrar nuevas maneras de que una historia antigua siga teniendo sentido para quienes todavía no la conocen.

Almacenes Ánfora: www.almacenesanfora.com

Instagram: @almacenesanfora
Facebook: /almacenes.anfora
TikTok: @almacenes_anfora

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