Zezé Figueroa construye una obra sin palabras donde tres personajes atraviesan un territorio entre el sueño, la memoria y la realidad para hablar de una experiencia que pertenece tanto a los seres humanos como a la naturaleza
Por: Rodrigo Pujol Del Toro
Hay algo profundamente teatral en intentar representar un viaje sin explicar hacia dónde se dirige. Un cuerpo que avanza, otro que se detiene, un objeto que cambia de significado y una máscara que transforma un rostro pueden decir aquello que muchas veces las palabras no alcanzan a expresar. Esa es una de las premisas de Sardinas…, la puesta en escena de dramaturgia y dirección de Zezé Figueroa Ramos que se presentará en el Teatro Benito Juárez los días 24, 25 y 27 de septiembre.
La obra parte de una pregunta: ¿qué significa migrar cuando el camino parece no tener fin? Pero en lugar de responderla desde el documento, la estadística o la reconstrucción de una historia particular, Figueroa decide entrar en un territorio mucho más ambiguo: el sueño.
Tres personajes emprenden una travesía interminable en busca de un lugar donde descansar. Sin embargo, nunca queda completamente claro si están despiertos o dormidos, si aquello que vemos está ocurriendo en el presente o pertenece a la memoria. La realidad se transforma continuamente en fantasía y el viaje adquiere una dimensión onírica.
“Vemos la migración como un gran sueño, un sueño que nunca termina”, explica Figueroa. La frase funciona casi como una clave de lectura para toda la puesta en escena: migrar no aparece solamente como desplazarse de un territorio a otro, sino como permanecer en un estado permanente de tránsito.
Migrar también es dejar algo atrás

La obra tiene una raíz personal. Figueroa nació en Oaxaca y tuvo que abandonar su estado para estudiar teatro en Ciudad de México. La decisión implicó alejarse de su familia, sus tradiciones y las relaciones que había construido en su lugar de origen.
Durante los cuatro años de formación en la Escuela Nacional de Arte Teatral se mudó ocho veces.
El dato podría parecer anecdótico, pero para el dramaturgo terminó convirtiéndose en una experiencia desde la cual podía aproximarse a una pregunta más amplia. Figueroa reconoce que su desplazamiento estuvo acompañado de privilegios: tenía la posibilidad de estudiar, de trasladarse y de contar con un lugar donde dormir. Aun así, enfrentó las dificultades relacionadas con la vivienda y con establecerse en una ciudad distinta.
Desde esa experiencia comenzó a preguntarse qué ocurre con quienes abandonan su lugar de origen no por elección profesional o educativa, sino porque las condiciones de su entorno les impiden construir la vida que buscan.
La migración, entonces, aparece como una experiencia atravesada por diferentes grados de vulnerabilidad, pero también por algo esencial: el deseo de encontrar condiciones distintas para existir.
Una imagen de 2017
La concepción de Sardinas… también está relacionada con una imagen periodística que Figueroa encontró en 2017.
Una embarcación con migrantes llegó a una playa de Cádiz, España, mientras las personas que se encontraban en la costa continuaban con una jornada aparentemente cotidiana. El contraste entre quienes estaban nadando o disfrutando con sus familias y quienes acababan de atravesar el mar quedó grabado en la memoria del creador.
Pero hubo otra imagen que terminó siendo todavía más poderosa: los migrantes llegando a tierra y corriendo inmediatamente para buscar un sitio donde esconderse y continuar su camino.
De esa escena surgió una asociación visual con las sardinas.
Primero, por la embarcación saturada, semejante a una lata. Después, por el comportamiento de estos peces, que se desplazan juntos en una misma dirección y mantienen una coordinación que les permite enfrentar las amenazas del océano.
La metáfora se amplió hacia las caravanas migrantes y hacia la idea de grupos de personas que avanzan juntas frente a condiciones adversas.
Entre animales y seres humanos

Uno de los aspectos más sugerentes de Sardinas… es que no establece una frontera absoluta entre migración humana y migración animal.
La obra observa los desplazamientos como parte de los ciclos de la naturaleza. Diferentes especies migran para encontrar alimento, reproducirse, sobrevivir o adaptarse a las condiciones de su entorno. Los seres humanos, aunque las razones de sus desplazamientos sean diferentes y estén atravesadas por factores sociales, económicos, políticos y culturales, también forman parte de ese movimiento constante.
Desde ahí, la obra evita presentar la migración como una condición exclusivamente contemporánea.
El desplazamiento se convierte en una experiencia mucho más antigua: la de un ser vivo que abandona un espacio conocido para buscar otro en el que pueda continuar su existencia.
El silencio como idioma
En una época en la que buena parte de las historias sobre migración están acompañadas por discursos políticos, cifras y testimonios, Figueroa toma otra dirección: elimina la palabra.
Sardinas… está construida a partir del teatro físico, el teatro de objetos y las máscaras. Los actores trabajan fundamentalmente desde el cuerpo y la expresividad, mientras que los objetos adquieren funciones narrativas dentro del universo de la obra.
La decisión no busca simplemente generar una estética particular. Tiene una intención relacionada con la comunicación.
Figueroa habla de crear una suerte de trabajo “universal”, en el sentido de que las acciones puedan comprenderse sin necesidad de traducción. El espectador no necesita que alguien le explique verbalmente que un personaje tiene hambre, miedo, sueño o cansancio: puede reconocer esas sensaciones a través del cuerpo.
Ese mecanismo desplaza el centro de la narración. Ya no es la palabra la que determina lo que debe comprenderse, sino la capacidad del espectador para mirar, asociar y sentir.
La empatía antes que la explicación
Ahí aparece quizá uno de los elementos centrales del proyecto.
Figueroa no pretende construir una obra que entregue una tesis cerrada sobre la migración. Su intención es abrir un espacio de reconocimiento.
El creador plantea que todas las personas pueden ser susceptibles de convertirse en migrantes. Una persona puede tener actualmente una vivienda, estabilidad económica o vínculos sólidos en un lugar y, sin embargo, enfrentarse en algún momento a circunstancias que la obliguen a desplazarse.
Su propia experiencia representa una forma de migración interna. Y en México, recuerda, la relación con el fenómeno está presente de múltiples maneras: familiares que se fueron “al otro lado”, personas que cambiaron de estado o comunidades enteras marcadas por la movilidad.
La migración puede estar tan cerca que termina volviéndose invisible.
El hogar como destino
En Sardinas…, los tres personajes emprenden un viaje buscando un lugar donde descansar. Esa búsqueda permite desplazar la pregunta inicial.
Quizá migrar no significa solamente buscar otro territorio, sino buscar las condiciones que permitan volver a sentir que se pertenece a algún sitio.
Por eso la obra habla de incertidumbre, esperanza, cansancio y memoria. Cada uno de esos elementos acompaña al desplazamiento y modifica a quien lo emprende.
El destino puede ser geográfico, pero también emocional.
En ese sentido, el verdadero recorrido de los personajes no necesariamente consiste en llegar a un punto determinado, sino en seguir avanzando mientras intentan encontrar un lugar que pueda convertirse en refugio.
Del Teatro Benito Juárez a Oaxaca
La temporada de septiembre en Ciudad de México forma parte de un recorrido mayor para Casa Gris. Sardinas… fue seleccionada para participar en la 46 Muestra Nacional de Teatro en Querétaro 2026, mientras que la compañía también prepara una pequeña gira por Oaxaca.
El proyecto contempla presentaciones en la ciudad de Oaxaca, Ayutla Mixes y Tehuantepec, con la intención de continuar posteriormente su circulación por otros espacios del país.
Para Figueroa, llevar la obra fuera de las grandes ciudades también forma parte del sentido del proyecto. La compañía busca encontrar otros públicos y otros interlocutores que puedan relacionarse con la obra desde sus propios contextos.
La ausencia de lenguaje verbal adquiere nuevamente relevancia: el viaje de Sardinas… puede trasladarse de un territorio a otro sin necesitar traducción.
Cuando el teatro deja preguntas en lugar de respuestas
Sardinas… no intenta explicar la migración. La observa desde otro lugar.
La convierte en sueño, movimiento, memoria, cansancio y deseo. La relaciona con el comportamiento de las sardinas y con la experiencia de quienes se desplazan en busca de una vida diferente. Y al eliminar las palabras, deja que sean los cuerpos y las imágenes quienes construyan el significado.
Quizá por eso la pregunta que origina la obra no necesita una respuesta inmediata.
¿Qué significa migrar cuando el camino parece no tener fin?
Puede significar abandonar una casa. Cambiar de ciudad. Cruzar una frontera. Dejar atrás una familia. Buscar alimento. Escapar de una circunstancia. Seguir una vocación. O simplemente intentar encontrar un sitio donde sea posible descansar.
En el universo de Sardinas…, todos esos movimientos caben dentro del mismo viaje.
La puesta en escena de Casa Gris se presentará en el Teatro Benito Juárez, ubicado en Villalongín 15, colonia Cuauhtémoc, Ciudad de México, los días 24, 25 y 27 de septiembre. Las funciones serán jueves y viernes a las 20:00 horas y domingo a las 18:00 horas.
Para seguir el recorrido de la compañía y conocer sus próximas presentaciones: Instagram @casa_gris.
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