De los suelos nutridos por el coloso de Puebla nace CENIZA Rosato Brut, un vino espumoso de método tradicional que recupera cinco siglos de tradición agrícola y redefine el mapa del vino mexicano de la mano del enólogo Hugo D’Acosta.
Por: Rodrigo Pujol Del Toro ([email protected])
Mucho antes de que el Valle de Guadalupe fuera concebido como una región vitivinícola, las primeras vides de la Nueva España cruzaron el territorio que hoy conocemos como Puebla. Siguiendo la ruta de los conquistadores rumbo a la Ciudad de México, las plantas encontraron en el fértil Valle de Atlixco —entonces la Villa de Carrión— el hogar perfecto para prosperar, inaugurando una tradición que los documentos del siglo XVI ya registraban con entusiasmo antes de quedar eclipsada por el paso del tiempo.
Cinco siglos después, esa conversación milenaria vuelve a abrirse. Durante milenios, las cenizas del volcán más emblemático y legendario de México han moldeado lentamente los suelos del valle, dando origen a uno de los espumosos más singulares y fascinantes de la enología nacional: CENIZA Rosato Brut.
Un Terroir Forjado por el Fuego y el Tiempo

El proyecto detrás de esta joya enológica es el Viñedo Santo Domingo, cuya plantación inicial comenzó en 2008 por iniciativa de Domingo Minutti Stefanoni —honrando el nombre de su abuelo materno—, acompañado por el renombrado enólogo Hugo D’Acosta y Trinidad Jiménez.
Tras años de experimentación y pruebas de campo, el viñedo encontró en la uva Malbec la expresión ideal para dialogar con el terruño. Actualmente, las 3.5 hectáreas en producción están plantadas exclusivamente con esta variedad, arrojando una producción limitada y artesanal de aproximadamente 6,000 botellas por cosecha.
Si bien el primer intento en 2013 buscaba un vino tinto, fue hasta 2019 cuando el equipo descubrió el potencial extraordinario del vino rosado. Hoy en día, la finca produce dos etiquetas a partir de la misma uva: Ceniza d’Volcán (un Malbec rosé tranquilo) y CENIZA Rosato Brut, su aclamado espumoso.
El suelo arcillo-arenoso del valle posee una inconfundible nota terrosa, mineral y ligeramente ahumada, herencia directa de la actividad milenaria del Popocatépetl. Lejos de ser una traducción literal, esta influencia dota al vino de una personalidad única que equilibra a la perfección la fruta y la frescura.
CENIZA Rosato Brut: Elegancia y Burbuja Fina
Elaborado bajo el método tradicional (champenoise) con uva Malbec, este espumoso reposa un mínimo de 18 meses sobre lías, un proceso artesanal que le otorga una textura cremosa y una gran complejidad en boca.
- Vista: Atractivo tono durazno que privilegia la sutileza visual sobre la exuberancia.
- Nariz: Limpia y delicada, con notas predominantes de vainilla, fruta blanca, manzana y pera madura.
- Boca: Destaca por una acidez vibrante, burbuja fina y persistente, y una elegancia prolongada en el retrogusto.
- Datos Clave: 11.5% Alc. Vol., con un potencial de guarda estimado en cinco años.
El Aliado Perfecto de la Gastronomía Mexicana
Gracias a su estructura y vivacidad, CENIZA Rosato Brut se eleva como un auténtico vino gastronómico. Su afinidad con platillos emblemáticos como los chiles en nogada es innegable, pero su versatilidad le permite acompañar con absoluta naturalidad moles delicados, pescados, mariscos, aves, cerdo y quesos frescos. Se recomienda servirlo bien frío, entre 6 y 8 °C, para preservar toda su precisión aromática.
Con este proyecto, Puebla regresa con fuerza a la escena vitivinícola nacional, demostrando que el verdadero valor de un vino no reside en imitar otras regiones, sino en expresar con honestidad, orgullo e identidad el paisaje que lo vio nacer.
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