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Cuando la telenovela deja de ser ficción: David Anguiano y el teatro que cuestiona las historias que aprendimos a vivir

No es otra telenovela mexicana, escrita y dirigida por Quecho Muñoz, utiliza la sátira para revisar los estereotipos que durante décadas definieron nuestra idea del amor, la familia, el éxito y la identidad

Por: Rodrigo Pujol Del Toro

Durante décadas, la telenovela mexicana funcionó como mucho más que un producto de entretenimiento. Entró a las casas, acompañó comidas, conversaciones familiares y sobremesas, y creó personajes que terminaron formando parte del lenguaje cotidiano.

Sus historias también propusieron modelos: el amor verdadero como destino, la belleza como condición del éxito, la familia como territorio de secretos y el dinero como una de las grandes fronteras entre quienes pueden y quienes no pueden ser felices.

Es justamente ese imaginario el que No es otra telenovela mexicana decide colocar frente al espejo.

La obra escrita y dirigida por Quecho Muñoz utiliza la comedia, la farsa y la parodia para revisitar algunos de los códigos más reconocibles del melodrama nacional. Pero debajo de los chistes aparece una pregunta que resulta mucho menos ligera: ¿cuánto de nuestras propias vidas está construido a partir de historias que aprendimos a consumir?

David Anguiano conoce el territorio desde dentro

Para David Anguiano, formar parte de la obra supone regresar a un género que conoce desde antes de convertirse en actor.

Calcula que aproximadamente 80 por ciento de las telenovelas que aparecen referenciadas en el montaje forman parte de las que vio, mientras que el resto las conoce por su permanencia en la memoria colectiva.

Es una característica importante porque No es otra telenovela mexicana no depende únicamente de que el espectador reconozca cada referencia.

La obra se alimenta de una memoria cultural compartida: personajes, gestos, formas de hablar, estructuras narrativas y situaciones que se han repetido tantas veces que ya forman parte de nuestro imaginario, incluso para quienes no vieron directamente determinadas producciones.

Más de 50 personajes para hablar de nosotros

Cinco actores interpretan más de 50 personajes a lo largo de la función.

David Anguiano, como José Carmelo, representa al arquetipo del galán de los años noventa y principios de los dos mil: un hombre perfecto, millonario, elegante y aparentemente destinado a encontrar a la mujer que complete su historia.

Pero el personaje también sirve para desmontar esa perfección.

A través de recuerdos y flashbacks, los protagonistas se encuentran con diferentes universos de la televisión mexicana y David transita por más de diez personajes, entre hombres, mujeres, jóvenes y personas mayores.

La transformación constante exige precisión, pero también una capacidad para entender el mecanismo detrás de cada estereotipo.

“Es un gran reto actoral porque paso por todas las emociones y por todo tipo de personajes”, explica.

La risa como herramienta crítica

La decisión de utilizar la comedia no es accidental.

El humor permite acercarse a temas que, tratados desde una perspectiva exclusivamente crítica, podrían resultar solemnes. La risa genera primero reconocimiento y después distancia: el espectador se ríe del cliché, pero eventualmente puede descubrir que ese cliché también forma parte de su propia educación sentimental.

Para David, uno de los objetivos centrales consiste precisamente en romper estereotipos y dejar de asumir que existe una única manera correcta de construir una vida.

“Puedes ser lo que quieras ser, expresarte de la manera que quieras”, sostiene.

En esa idea está quizá el núcleo contemporáneo de la obra. La libertad no aparece como una declaración abstracta, sino como la posibilidad de cuestionar los papeles que heredamos.

De la ficción televisiva a la vida cotidiana

La telenovela suele trabajar con personajes definidos con claridad: la buena, el malo, el rico, la pobre, el galán, la villana, la madre sacrificada, la familia poderosa.

La vida real, por supuesto, rara vez funciona de esa manera.

Y ahí es donde la obra encuentra una de sus posibilidades más interesantes: mostrar que los seres humanos somos mucho más complejos que los papeles que las narrativas populares nos han enseñado a desempeñar.

David lo explica desde una perspectiva personal: todos somos personajes de nuestra propia vida, pero eso no significa que tengamos que seguir eternamente el guion que recibimos.

La pregunta que queda flotando después de la función no es solamente si las telenovelas influyeron en nosotros, sino qué hacemos hoy con esas ideas que heredamos de ellas.

Un homenaje que también se atreve a cuestionar

La obra recupera referencias de producciones como Cuna de Lobos, Lazos de Amor, Rebelde, Corazón Salvaje, Amor Real y la trilogía de las Marías, entre muchas otras.

No se trata solamente de enumerarlas.

El montaje reconoce la importancia cultural del melodrama precisamente porque puede permitirse jugar con él. Hay algo de cariño en esa mirada: para desmontar un mito primero hay que conocerlo.

David, quien antes de ser actor era un espectador asiduo, vive ese proceso desde ambos lados.

Ahora no solamente observa aquellas historias: las interpreta, las transforma y las devuelve al público desde el escenario.

El teatro como espacio de encuentro

Otro aspecto que destaca el actor es la relación que se ha construido entre los integrantes del elenco.

David habla con especial entusiasmo de trabajar junto a Lorena D’La Garza, a quien admiraba desde hacía años, y reconoce la generosidad de Leslie Martínez y María Ayuso.

También destaca nuevamente la escritura de Quecho Muñoz y su capacidad para construir historias que, detrás del humor, buscan conectar emocionalmente con el espectador.

La dirección, explica, permite explorar. Incluso después de aproximadamente 30 presentaciones, el montaje continúa modificándose a partir de las reacciones del público.

“Nunca, nunca cada función es distinta”, señala.

Ese carácter vivo recuerda una de las diferencias esenciales entre televisión y teatro: la historia ocurre frente a personas concretas y puede transformarse a partir de su respuesta inmediata.

Una invitación incluso para quienes nunca vieron una telenovela

David insiste en que no es indispensable reconocer todas las referencias para disfrutar la obra.

La experiencia puede comenzar desde la nostalgia para quienes conocen los melodramas, pero también desde la sorpresa para quienes nunca fueron seguidores del género.

Esa amplitud es importante porque permite que la obra funcione en dos niveles: como juego de referencias para quienes identifican personajes y escenas, y como comedia sobre los estereotipos para quienes simplemente llegan al teatro buscando una experiencia divertida.

El resultado, según el actor, combina risas, nostalgia y hasta cierta confusión, pero termina dejando preguntas.

El siguiente capítulo de David

El teatro parece ocupar nuevamente un lugar importante en la carrera de David Anguiano.

Mientras continúa con No es otra telenovela mexicana, prepara ** Niño Perdido, nuevamente bajo la autoría de Quecho Muñoz**, una colaboración que para ambos ya tiene un lenguaje construido.

El montaje llegará próximamente al nuevo Teatro Versalles, con funciones los lunes.

David también acaba de cerrar una etapa con Cómo te va mi amor, musical construido alrededor de canciones de Pandora, aunque existen conversaciones para un posible regreso.

Paralelamente, mantiene una presencia activa como creador de contenido en redes sociales, donde desarrolla piezas de comedia junto a su familia y su esposa.

El verdadero final feliz

Quizá el gesto más interesante de No es otra telenovela mexicana sea que no propone simplemente dejar de ver telenovelas.

Propone algo más complejo: aprender a distinguir entre las historias que disfrutamos y las historias que terminamos creyendo que debemos vivir.

El melodrama necesita personajes perfectos, destinos predeterminados y conflictos enormes para funcionar.

La vida, en cambio, permite cambiar de papel.

Y en ese espacio entre la ficción y la realidad, entre José Carmelo y David Anguiano, la obra encuentra su pregunta más poderosa: si durante generaciones nos enseñaron a vivir como personajes de una telenovela, ¿qué pasaría si finalmente pudiéramos escribir nuestro propio guion?

** No es otra telenovela mexicana**
📍 Teatro Wilberto Cantón
José María Velasco 59, San José Insurgentes, Benito Juárez, CDMX
📅 Viernes
⏰ 20:45 horas
🎭 Elenco: Lorena D’La Garza, Quecho Muñoz, María Ayuso, David Anguiano y Leslie Martínez.
🎟️ Boletos en taquilla y Ticketmaster.

Boletos en Ticketmaster

David Anguiano en redes: @davidanguianomx en Instagram, donde también comparte contenido de comedia y novedades sobre sus proyectos.

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