Intercambiar pulseras y photocards en los conciertos es una tradición entrañable de los fandoms, pero el uso no autorizado de imágenes y marcas registradas plantea importantes retos legales que los seguidores deben considerar.
Por: Rodrigo Pujol Del Toro ([email protected])
Intercambiar pulseras, regalar photocards holográficas, stickers o llaveros en la fila de un concierto se ha convertido en un lenguaje común dentro de las comunidades de fans. Estos artículos, conocidos popularmente como freebies, fungen no solo como un recuerdo entrañable de los eventos, sino como un poderoso vehículo para tejer comunidad entre los diversos fandoms.
Sin embargo, en metrópolis como la Ciudad de México —donde se realiza en promedio un concierto al día y circula un volumen masivo de mercancía hecha por admiradores— surge una incógnita que pocos se detienen a analizar: ¿hasta dónde puede llegar la creatividad de los fans antes de cruzar la línea legal?
Para dimensionar el impacto de este fenómeno, basta con mirar las cifras de la industria musical. De acuerdo con la Cámara Nacional de Comercio, Servicios y Turismo de la Ciudad de México, los conciertos de BTS proyectaron una derrama económica de 1,861 millones de pesos, mientras que los eventos de Bad Bunny estimaron 3,228 millones de pesos. A escala global, el mercado de conciertos continúa su expansión con tasas de crecimiento anual sostenidas.
El Mito: “Si es Gratis, no es Delito”
Existe una creencia generalizada de que, al no existir una transacción económica directa, la distribución de artículos con la imagen de un artista está exenta de consecuencias legales. No obstante, firmas especializadas en propiedad intelectual como Arochi & Lindner advierten que la ausencia de un precio de venta no convierte automáticamente el uso en una práctica autorizada.
Un seguidor puede fabricar cientos de pulseras o ilustraciones y repartirlas sin costo, pero si esta actividad impulsa el posicionamiento de una cuenta personal en redes sociales, atrae seguidores o promueve de forma indirecta un emprendimiento con fines de lucro o monetización, ya se configura un beneficio comercial indirecto.
En industrias altamente reguladas, la comercialización de artículos no autorizados que emplean marcas registradas o logotipos oficiales puede constituir una infracción a las leyes de propiedad industrial, derechos de autor y derechos de imagen. El hecho de que un producto haya sido elaborado de manera artesanal o por profunda admiración no exime del cumplimiento normativo.
Tres Claves para Crear Freebies sin Infracciones Legales
La protección de la propiedad intelectual no busca coartar la pasión de los seguidores, sino resguardar el trabajo de los creadores originales. Para que los fandoms sigan celebrando a sus artistas con absoluta tranquilidad, Arochi & Lindner comparte tres recomendaciones fundamentales:
- Inspiración, en lugar de replicación: En vez de imprimir el logotipo oficial de una gira o una fotografía con derechos reservados, es preferible apostar por ilustraciones originales inspiradas en las letras de las canciones, la paleta de colores de la era musical o elementos simbólicos del artista.
- Revisar las fuentes: Tomar una imagen directamente de motores de búsqueda o redes sociales no la convierte en material de dominio público. Es indispensable contar con los permisos necesarios o utilizar arte 100% original.
- Cuidado con las marcas registradas: Evitar el uso del nombre oficial del artista o de la gira utilizando la tipografía exacta, ya que estos elementos suelen estar protegidos legalmente como marcas registradas.
Antes de mandar a producir el próximo lote de detalles para un concierto, la pregunta guía debe ser sencilla y empática: ¿Estoy creando un homenaje con mi propia creatividad, o estoy utilizando el trabajo y la propiedad de alguien más? La fuerza creativa de los fans es inmensa; con un poco de información y cuidado, los freebies seguirán siendo esa magia que hace inolvidable cada presentación en vivo.
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