México ocupa el segundo lugar mundial en personas sin evaluación auditiva; expertos advierten que sonidos superiores a 80 dB ya representan un riesgo acumulativo
Por: Rodrigo Pujol
El paisaje sonoro de la Ciudad de México es una mezcla ininterrumpida de motores, construcciones y alertas digitales. Lo que para muchos es simplemente el “ruido de la ciudad”, hoy es reconocido por los especialistas como una amenaza directa al bienestar general. En un país donde el 31% de la población nunca se ha realizado una prueba auditiva, la falta de una cultura de prevención está pasando factura.

De acuerdo con un estudio de MED-EL, líder global en soluciones auditivas, México se posiciona como el segundo país a nivel mundial con menor tasa de evaluaciones auditivas. Esta carencia de diagnóstico es crítica, considerando que el Centro Nacional de Metrología (CENAM) advierte que la exposición a sonidos superiores a los 80 decibeles (dB) —nivel que alcanza el tráfico urbano promedio— ya es capaz de generar afectaciones.
La escala del daño: De la conversación al despegue
Para entender la magnitud del riesgo, basta comparar los niveles cotidianos. Mientras una conversación normal ronda los 60 dB, otros sonidos superan con creces el límite de seguridad:
- Motocicletas: 100 dB.
- Maquinaria de construcción y sirenas: 110 dB.
- Despegue de un avión: 150 dB.
La Dra. María Fernanda Alderete, Médico Audiólogo de MED-EL, explica que la exposición continua a niveles superiores a 90 decibeles genera un deterioro progresivo en las células auditivas que, en sus etapas iniciales, suele ser imperceptible para el paciente.
Traumatismo acústico: Una herida que no siempre cierra
La pérdida auditiva inducida por ruido se clasifica principalmente en dos vertientes:
- Traumatismo acústico agudo o crónico: Resultado de impactos intensos y breves (explosiones o detonaciones) que causan daño inmediato.
- Traumatismo acústico permanente: El efecto de la exposición prolongada en entornos urbanos o laborales, provocando un deterioro irreversible.
Sin embargo, el impacto trasciende el oído. La exposición constante a niveles elevados de ruido está vinculada a síntomas de estrés, dolores de cabeza, alteraciones del sueño, taquicardia e hipertensión, funcionando como un factor de riesgo sistémico para la salud.
Prevención e innovación: El camino a seguir
A pesar de la gravedad del panorama, la tecnología médica ofrece hoy soluciones que van desde audífonos especializados hasta implantes cocleares y sistemas de conducción ósea. No obstante, el primer paso sigue siendo la detección.
Los especialistas recomiendan realizar al menos una revisión auditiva al año, especialmente si se presentan señales como zumbidos (tinnitus), fatiga auditiva o dificultad para seguir conversaciones. Cuidar la audición es una decisión que define la calidad de vida a largo plazo y permite mantener la conexión con el entorno de manera saludable.
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