Ante un crecimiento exponencial del 322% en búsquedas de contenido y un mayor escrutinio regulatorio, las marcas enfrentan el reto urgente de construir una identidad visual propia que vaya más allá de imitar al alcohol.
Por: Rodrigo Pujol Del Toro ([email protected])
El mercado de las bebidas sin alcohol vive una época dorada, pero también se encuentra bajo la lupa. Con un incremento del 322% en las búsquedas de imágenes y videos relacionados con “sin alcohol” durante el último año según datos de Getty Images, la categoría se ha integrado con fuerza en las rutinas de los consumidores. Sin embargo, este dinamismo viene acompañado de un escrutinio cada vez más riguroso sobre cómo se promocionan estos productos.
Estudios académicos recientes y cuestionamientos de organizaciones civiles —como los ocurridos en torno a la presencia de marcas sin alcohol vinculadas a cerveceras en eventos masivos— han puesto sobre la mesa un debate crucial: el uso de códigos visuales prácticamente idénticos a los de las versiones con alcohol puede generar confusión regulatoria, cuestionamientos éticos y afectar la confianza del consumidor.
Más que una etiqueta diferente
De acuerdo con un reporte de NIQ, el 92% de quienes compran bebidas sin alcohol también consumen productos con alcohol, lo que demuestra que la categoría amplía las ocasiones de consumo más allá de los fines de semana tradicionales. Pese a esto, la investigación visual de Getty Images revela que la publicidad suele repetir los mismos patrones estéticos: la misma atmósfera de bar, idénticas latas y entornos nocturnos, confiando únicamente en una etiqueta de “cero alcohol” para diferenciarse.
“Una imagen es mucho más que una decisión estética. Una narrativa visual coherente y con propósito define las asociaciones que estamos construyendo alrededor de una marca. Para la categoría de bebidas cero alcohol, desarrollar un lenguaje visual propio puede ser tan importante como desarrollar el producto mismo”, señala Samuel Malave, Gerente de Investigación Creativa en Getty Images.
Las tres claves para construir una categoría propia
Para dejar de replicar los códigos del alcohol y empezar a construir un significado auténtico para el “0,0”, los expertos sugieren enfocar las estrategias visuales en tres territorios fundamentales:
- Mostrar el momento antes que el producto: Ampliar las asociaciones visuales más allá del bar o la fiesta, integrando a las personas en contextos cotidianos diversos.
- Construir pertenencia sin depender del alcohol: Comunicar la diversión, la socialización y la celebración a través de la cercanía humana, sin necesidad de recurrir a los viejos arquetipos etílicos.
- Entender el contexto local: Alinear la identidad visual con la sensibilidad cultural, social y regulatoria específica de cada mercado en la región latinoamericana.
En definitiva, la diferenciación visual deja de ser una simple decisión creativa para convertirse en una herramienta indispensable de negocio, capaz de blindar la inversión de marca, reducir riesgos regulatorios y conquistar la confianza del consumidor moderno.
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