El actor mexicano habla del inesperado éxito de la serie de Prime Video, la polémica en redes, el reto de construir a Mondragón y la nueva etapa de su carrera
Cuando La Oficina fue anunciada por Prime Video, las reacciones fueron inmediatas. Adaptar uno de los formatos de comedia más icónicos de la televisión mundial al contexto mexicano parecía, para muchos usuarios en redes sociales, una misión condenada al fracaso. Antes incluso de estrenarse, el proyecto ya enfrentaba críticas, comparaciones y cuestionamientos.

Pero ocurrió lo contrario.
La serie terminó convirtiéndose en uno de los títulos más comentados de la plataforma, generando conversación constante en redes sociales y posicionándose rápidamente como un fenómeno de cultura pop en México. Para Quetzalli Cortés, quien interpreta a Mondragón —el encargado de Recursos Humanos de Jabones Olimpo—, el éxito terminó superando incluso las expectativas internas del elenco.
“Cuando anunciaron la producción empezó a caer muchísimo hate, pero nosotros ya estábamos terminando de grabar y sabíamos perfectamente qué habíamos hecho”, recuerda el actor. “Para mí era fácil desestimar las críticas porque hablaban de una serie que en realidad no era la nuestra”.
La confianza del elenco no era casual. Quetzalli explica que desde las primeras semanas de rodaje el equipo comenzó a sentir que estaban construyendo algo distinto dentro de la ficción mexicana.
“En la segunda semana ya era evidente que estábamos haciendo algo muy bonito. Uno, como actor, aprende a identificar cuándo el material tiene algo especial y cuándo no. Yo pensaba que le iba a ir bien, pero jamás imaginé el nivel de éxito que tuvo”, admite.
El fenómeno terminó confirmando algo que el actor considera fundamental: el público mexicano sí estaba listo para una versión local de The Office, siempre y cuando la adaptación entendiera el humor, las dinámicas laborales y las contradicciones culturales del país.
En esta reinterpretación dirigida por Gary Alazraki, la historia se traslada a Aguascalientes y gira alrededor de Jabones Olimpo, una empresa familiar encabezada por Jerónimo Ponce III, interpretado por Fernando Bonilla.Ahí aparece Mondragón, un personaje que, según Quetzalli, se convirtió en uno de los mayores desafíos de su carrera.
“Ha sido de los personajes más complicados que me ha tocado construir porque tenía demasiadas posibilidades. Cuando lees otros personajes, entiendes rápidamente cuál es su energía o punto de partida. Con Mondragón era diferente; sentía que podía irse hacia muchos lugares y eso hacía más difícil tomar decisiones”, explica.
El actor reconoce que gran parte de la riqueza del personaje surgió gracias al modelo de trabajo colaborativo que existió durante el rodaje. Lejos de una estructura rígida, el elenco participó activamente en la construcción de relaciones, diálogos y dinámicas dentro de la oficina ficticia.

“Hicimos una química muy bonita, no solo entre actores, sino con todo el crew. Eso no siempre pasa. Muchas veces llegas, haces tu trabajo y te vas. Aquí se sentía más como el teatro: un trabajo colectivo donde todos podían opinar sobre los personajes, el espacio y las relaciones”, comenta.
Esa libertad creativa fue particularmente importante en una serie donde el humor debía navegar temas sociales delicados sin perder el tono crítico que caracteriza a la franquicia original.
Para Quetzalli, el debate sobre lo “políticamente correcto” dentro de la ficción ha sido exagerado, especialmente en México. El actor considera que el verdadero problema no es hablar de ciertos temas, sino desde qué perspectiva se construye la comedia.
“La idea de que ya no se puede decir nada es una fantasía”, afirma. “La comedia siempre ha sido una crítica social. La pregunta es: ¿desde dónde haces esa crítica?”.
Cortés, quien también fue parte del colectivo Poder Prieto, asegura que en La Oficina existía una línea ética muy clara sobre el tipo de humor que querían construir.
“Teníamos muy consciente que la risa tenía que caer sobre el opresor y no sobre el oprimido. Ahí está la diferencia. Puedes tocar cualquier tema si entiendes desde qué lugar estás hablando”, sostiene.
El actor también rechaza la idea de que las nuevas discusiones sociales limiten la creatividad. Por el contrario, considera que obligan a construir personajes y situaciones mucho más inteligentes.
“Si alguien quiere seguir riéndose desde la misoginia, la homofobia o el clasismo, entonces el problema no es la ficción, sino esa persona. Los temas se pueden tocar todos; lo importante es cómo lo haces”, señala.
El momento profesional de Quetzalli llega después de una trayectoria marcada por la versatilidad. Egresado de CasAzul Artes Escénicas Argos y con formación en la British American Drama Academy gracias a una beca internacional, el actor ha transitado por drama, acción, terror, teatro físico y televisión.
Su filmografía incluye proyectos como Diablero, ¿Quién mató a Sara?, S.O.Z. Soldados o Zombies y recientemente la segunda temporada de 20.000 Leguas de Viaje Submarino, donde interpreta a un héroe de la resistencia.
En cine, también estrenó recientemente La Partida, dirigida por Luis Ayhllón, un drama sobre poder, violencia y deslealtad.
Ahora, con una segunda temporada de La Oficina ya confirmada, el reto será aún mayor. Según revela, el equipo creativo siempre imaginó la primera entrega como una presentación de personajes, mientras que los nuevos episodios buscarán profundizar en sus conflictos y contradicciones.
“Gary nos decía que la primera temporada era apenas la introducción. Si seguíamos, el siguiente paso era conocer realmente a estos personajes. Y ahora el reto ya no es competir con el fantasma mundial de ‘The Office’, sino con las expectativas que nosotros mismos generamos”, afirma.
Por ahora, Quetzalli Cortés disfruta el momento. Después de años transitando entre géneros y plataformas, el actor encontró en Mondragón un personaje capaz de conectar con una audiencia que convirtió a La Oficina en mucho más que una simple adaptación: un espejo incómodo, absurdo y profundamente mexicano del mundo laboral contemporáneo.
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