La menopausia también sucede en la vulva: Por qué dejar de normalizar el dolor es vital para tu salud

Muchas mujeres viven años con síntomas que afectan su calidad de vida, creyendo que son “parte de la edad”. La Dra. Natalia Domínguez Alfaro nos explica por qué es momento de romper el silencio y conocer nuestro cuerpo.

Por: Rodrigo Pujol Del Toro ([email protected])

Durante décadas, la conversación sobre la menopausia se ha limitado a los bochornos y los desajustes hormonales. Sin embargo, existe un capítulo fundamental que ha permanecido en las sombras por culpa de la vergüenza y la desinformación: los cambios que experimenta la vulva.

Para la Dra. Natalia Domínguez Alfaro, ginecóloga especialista en enfermedades vulvares, el problema comienza desde el lenguaje. “Muchas consultas empiezan con un ‘tengo comezón en la vagina’, pero cuando preguntamos si la molestia es fuera o dentro, el silencio nos revela algo profundo: generaciones de mujeres que crecieron sin conocer su propia anatomía” explica la especialista.

Diferenciar es el primer paso

Es vital entender que la vulva (la parte externa) y la vagina (el conducto interno) no son lo mismo. Esta distinción, que parece básica, es una herramienta de salud poderosa. La alfabetización sobre nuestro propio cuerpo es el determinante más claro para lograr diagnósticos oportunos y evitar el deterioro de la calidad de vida.

¿Qué sucede con la llegada de la menopausia?

Con la caída de los estrógenos durante la transición menopáusica, los tejidos genitales sufren cambios fisiológicos reales. La piel de la vulva se vuelve más delgada y frágil, lo que deriva en síntomas como:

  • Resequedad extrema.
  • Ardor y comezón persistente.
  • Irritación constante.
  • Molestias urinarias.
  • Dolor durante las relaciones sexuales.

El gran error, advierte la Dra. Domínguez, es normalizar estas molestias. Muchas pacientes llegan a consulta tras años de vivir con un malestar que afecta su sueño, su autoestima y su vida de pareja, bajo la creencia errónea de que “sufrir es parte de la menopausia”.

Riesgos de guardar silencio

La normalización no solo resta calidad de vida, sino que puede ocultar condiciones serias. Un ejemplo clave es el liquen escleroso, una enfermedad inflamatoria crónica común en mujeres posmenopáusicas que puede causar alteraciones anatómicas si no se atiende a tiempo. La especialista ha atendido a pacientes que fueron tratadas durante años por infecciones inexistentes, retrasando un diagnóstico preciso y complicando el tratamiento.

La invitación: Hablar sin filtros

La menopausia no debería ser un proceso de resignación. La especialista concluye con un mensaje claro: “La comezón, el ardor, la resequedad o el dolor no son algo que una mujer deba aceptar en silencio”.

Ampliar la conversación sobre nuestra salud íntima es un acto de autocuidado. Nombrar correctamente nuestras partes y acudir con especialistas ante cualquier cambio no es un lujo, es un derecho. La salud genital es un pilar central del bienestar femenino; es hora de que la vulva sea parte fundamental de la conversación sobre la menopausia.

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