“Guille y el Nahual”: cuando un personaje fantástico nos obliga a mirar de frente la soledad y la diferencia

Josué Aguilar habla sobre el desafío de dar vida a un Nahual mediante un títere de grandes dimensiones y sobre una obra que utiliza la tradición mexicana para hablar de inclusión, amistad y responsabilidad

Por: Rodrigo Pujol

Hay personajes que necesitan ser interpretados y otros que necesitan ser construidos con el cuerpo. En “Guille y el Nahual”, Josué Aguilar enfrenta precisamente este segundo desafío: convertirse en el operador de un Nahual de grandes dimensiones y conseguir que, durante la función, el público deje de mirar al actor para creer en la existencia de la criatura. La puesta en escena, que llegará al Foro La Gruta del Centro Cultural Helénico del 5 de septiembre al 11 de octubre, utiliza el teatro, el títere, la música y la tradición oral mexicana para acercarse a temas que pocas veces se abordan con suficiente profundidad en los espectáculos dirigidos a las infancias: la soledad, la diferencia, la inclusión y la responsabilidad de cuidar a otro.

La historia parte de una situación aparentemente sencilla. Guille quiere una mascota porque necesita compañía, pero sus padres se oponen a la idea. El encuentro con un Nahual cambia completamente su realidad. La criatura tampoco tiene familia ni amigos y busca un lugar donde pertenecer. Entre ambos aparece una amistad inesperada que, sin embargo, no está exenta de dificultades. El Nahual posee una naturaleza distinta a la de los seres humanos y sus acciones tienen consecuencias sobre el entorno, por lo que Guille tendrá que descubrir que querer y cuidar a alguien no significa únicamente protegerlo, sino también comprenderlo y asumir la responsabilidad que implica convivir con él.

En conversación, Josué Aguilar destaca precisamente esa dimensión de la obra. Para el actor, “Guille y el Nahual” es un espectáculo que habla de amistad, tolerancia, empatía, inclusión y de no temer a lo diferente. Pero también considera fundamental que una puesta dirigida a las infancias no subestime a su público. Aguilar cuestiona la idea de que determinados temas son demasiado complejos para los niños y recuerda que emociones como la soledad pueden formar parte de la experiencia humana independientemente de la edad.

Esa aproximación resulta particularmente interesante porque la obra no presenta la soledad como un problema exclusivo de los adultos. Guille es una niña que quiere sentirse acompañada y el Nahual es una criatura que también busca pertenecer. Ambos personajes terminan encontrándose precisamente desde esa carencia. La amistad aparece entonces como una posibilidad de transformación, pero no como una solución mágica: para que funcione, los personajes deben aprender a conocerse, aceptar sus diferencias y encontrar una manera de convivir.

El espectáculo también establece un diálogo con la identidad cultural mexicana. Aguilar explica que la puesta busca resaltar lo mexicano a través de distintos elementos: la música compuesta especialmente para la obra por Omar Negui, la utilización de ritmos como la polca y el mariachi, instrumentos reconocibles de México y Latinoamérica, además de referencias al campo, las creencias, los usos y costumbres. La propia estética de los títeres recupera elementos visuales asociados con los alebrijes, construyendo un universo en el que la fantasía infantil se encuentra con un imaginario profundamente mexicano.

Para Aguilar, uno de los grandes retos del teatro contemporáneo consiste también en conseguir que el público mantenga la atención. En una época dominada por las redes sociales y por ciclos de atención cada vez más breves, el actor considera necesario construir espectáculos capaces de establecer diferentes niveles de comunicación. Así, una misma escena puede ofrecer una lectura accesible para los niños y, simultáneamente, una segunda capa de significado para los adultos que los acompañan. Esa búsqueda convierte a “Guille y el Nahual” en una propuesta que no pretende hablar exclusivamente a las infancias, sino generar una experiencia compartida entre generaciones.

El trabajo de Aguilar con el Nahual representa además una exploración particular de la actuación con títeres. El actor cuenta que durante 15 años trabajó en teatro de calle y llegó a manipular títeres de hasta cuatro metros, aunque siempre junto con otros intérpretes. En esta ocasión, el reto consiste en hacerlo solo y lograr que el público perciba al personaje como un ser autónomo. La actuación, por lo tanto, ocurre desde el movimiento, la precisión corporal y la capacidad de desaparecer escénicamente para permitir que el títere cobre vida.

La propuesta de inclusión se extiende también fuera de la ficción. Dos funciones, las del 13 de septiembre y 4 de octubre, contarán con intérprete de Lengua de Señas Mexicana. Además, la temporada incorporará “TRIBU: Latido Solidario”, iniciativa mediante la cual el público podrá donar alimento seco o húmedo para perros y gatos, camas, ropa o accesorios usados en buen estado y recibir un 50% de descuento en la compra de su boleto. La campaña se desarrollará del 20 de septiembre al 11 de octubre y las donaciones serán destinadas a animales rescatados.

La iniciativa resulta especialmente significativa dentro del universo de la obra porque establece una conexión entre la ficción y una responsabilidad concreta: cuidar a otro ser vivo. Guille comienza queriendo una mascota por necesidad de compañía, pero el encuentro con el Nahual le muestra que tener a alguien a nuestro cuidado implica mucho más que afecto. Hay necesidades, consecuencias, límites y responsabilidades. El teatro utiliza así una historia fantástica para introducir una conversación que puede trasladarse fácilmente a la vida cotidiana.

Al final, Aguilar espera que el público pueda llevarse una idea sencilla pero poderosa: aprender a reconocer al otro aunque sus ojos, su historia o su manera de existir sean diferentes. La diferencia, plantea, no significa que algo esté mal; puede ser precisamente aquello que nos permite ampliar nuestra mirada sobre el mundo. “Guille y el Nahual” convierte esa idea en una aventura teatral para familias, donde el humor, la música, los títeres y la imaginación funcionan como herramientas para hablar de aquello que nos une.

La temporada se llevará a cabo del 5 de septiembre al 11 de octubre, sábados y domingos a las 13:00 horas, en el Foro La Gruta del Centro Cultural Helénico, con la participación de Danya Torres, Josué Aguilar, Nydia Parra, Jheraldy Palencia y Hugo Rocha. Una puesta que recupera un personaje de la tradición mexicana para hablarle a una generación contemporánea sobre algo profundamente universal: todos necesitamos pertenecer, ser escuchados y encontrar un lugar donde podamos ser nosotros mismos.

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