El Premio a las Mejores Prácticas de Gobiernos Locales 2026 reconoce iniciativas que van desde gobierno de datos y transformación digital hasta salud, movilidad, inclusión y desarrollo económico
Por: Rodrigo Pujol
En México, una parte importante de las grandes transformaciones comienza lejos de los discursos nacionales y ocurre en el espacio donde la ciudadanía tiene contacto directo con el gobierno: el municipio. Es ahí donde una persona enfrenta diariamente problemas de movilidad, seguridad, servicios públicos, salud, espacios urbanos, trámites y oportunidades económicas. Bajo esta perspectiva, la 16ª Entrega del Premio a las Mejores Prácticas de Gobiernos Locales representa algo más que una ceremonia de reconocimientos: funciona como una radiografía de algunas de las estrategias que distintos gobiernos municipales están utilizando para enfrentar sus desafíos. En 2026, 32 municipios de 17 estados fueron distinguidos por iniciativas relacionadas con educación, salud, inclusión, desarrollo económico, gestión pública, sostenibilidad, seguridad, innovación, transformación digital, movilidad e infraestructura social.
Uno de los principales aprendizajes de esta edición tiene que ver con la continuidad. De los 32 municipios reconocidos, 20 ya habían obtenido el premio en ediciones anteriores. Para Gladis López, presidenta ejecutiva de Alcaldes de México, este dato demuestra que la capacidad de mantener, fortalecer y evolucionar las políticas que funcionan puede ser tan importante como la capacidad de diseñarlas. En términos de gestión, esto plantea una pregunta fundamental: ¿qué sucede cuando un programa deja de depender de una administración específica y comienza a convertirse en una política institucional? La permanencia puede ser precisamente el elemento que permita que una buena idea se transforme en una solución pública de largo plazo.
La diversidad de los proyectos premiados también revela que innovación pública no significa necesariamente digitalización. La categoría dedicada a innovación y construcción de paz incluyó desde Inteligencia Hídrica en La Paz hasta Seguridad Pública en Morelia, Atención Ciudadana en Huixquilucan, Innovación Policial en San Pedro Garza García, Transformación Digital en Chihuahua, Innovación Administrativa en El Salto y Gobierno de Datos en Toluca. El común denominador es la búsqueda de mejores procesos y decisiones basadas en información. Para los gobiernos locales, esto implica avanzar de una administración reactiva hacia modelos capaces de anticipar problemas, utilizar datos y acercar las instituciones a las necesidades de la población.
Desde la perspectiva económica, los municipios también están adquiriendo un papel más activo. Zihuatanejo de Azueta fue reconocido por Microeconomía; Hermosillo por Gestión Financiera Responsable; Nicolás Romero por Turismo Comunitario; San Miguel de Allende por Turismo Competitivo; mientras que San Luis Potosí, Naucalpan y Puebla fueron reconocidos por Mejora Administrativa, Reingeniería Financiera y Transparencia Proactiva, respectivamente. Estos casos muestran que la gestión financiera municipal, la transparencia, el turismo y el fortalecimiento de las economías locales pueden formar parte de una misma conversación sobre competitividad territorial.
La sostenibilidad y la calidad del entorno urbano aparecen igualmente como factores económicos y sociales. Ecatepec, Monclova, Guadalajara, Santa Catarina, Guanajuato y Gustavo A. Madero fueron reconocidos en la categoría de Ciudades Limpias y Ordenadas, con proyectos relacionados con limpieza colaborativa, imagen urbana, recuperación de áreas verdes y urbanismo inteligente. La recuperación de los espacios urbanos exige inversión, pero también nuevas formas de colaboración, planeación y utilización de tecnología. En este sentido, una ciudad competitiva no depende exclusivamente de grandes inversiones: también requiere entornos funcionales, ordenados y capaces de generar mejores condiciones para quienes viven y trabajan en ellos.
Otro de los grandes temas es la inversión social. Capacitación para el Trabajo en Centro, Tabasco; Movilidad Urbana en Querétaro; Infraestructura de Salud en Iztapalapa; Servicios Especializados de Salud en San Mateo Atenco; Inversión Participativa en Miguel Hidalgo y Construcciones Colectivas en Oaxaca de Juárez fueron las iniciativas reconocidas en esta categoría. La lectura económica de estos proyectos resulta especialmente interesante porque el gasto público puede convertirse en una inversión productiva cuando genera capacidades, infraestructura, movilidad, salud o participación ciudadana.
La dimensión social también fue protagonista. Celaya, Aguascalientes, El Marqués, Salamanca, Saltillo y Corregidora fueron distinguidos por proyectos relacionados con cultura comunitaria, salud municipal, bienestar emocional, inclusión laboral, inclusión e impulso social. La categoría “Ciudades que Cuidan” muestra cómo la agenda municipal se ha ampliado: gobernar una ciudad implica cada vez más atender dimensiones relacionadas con bienestar emocional, cultura, inclusión y comunidad, además de los servicios tradicionales.
Hay además un dato que merece atención desde la perspectiva de liderazgo público: 12 de los gobiernos municipales reconocidos son encabezados por mujeres, mientras que 11 de los alcaldes distinguidos se encuentran en su segundo periodo de gobierno. Esto introduce dos variables interesantes en el análisis de gestión: por una parte, una presencia significativa de mujeres al frente de gobiernos reconocidos; por otra, la posibilidad de que la experiencia acumulada facilite la continuidad de determinadas políticas públicas.
El reconocimiento, de acuerdo con sus organizadores, busca respaldar sus resultados mediante un análisis que considera estudios, mediciones, rankings y reconocimientos de instituciones públicas, privadas, académicas y de la sociedad civil, nacionales e internacionales. Esto resulta especialmente importante en una época en la que la conversación pública exige cada vez mayor evidencia para distinguir entre comunicación política y resultados verificables.
El verdadero desafío, sin embargo, comienza después del premio. Una política pública reconocida solamente adquiere valor estratégico cuando puede mantenerse, medirse, perfeccionarse y eventualmente replicarse. Esa es quizá la principal lectura de la edición 2026: los gobiernos locales no solamente necesitan innovar, necesitan aprender institucionalmente. La capacidad de convertir una experiencia exitosa en conocimiento público puede terminar siendo tan importante como la propia iniciativa.
Desde esta perspectiva, los premios a las mejores prácticas pueden funcionar como un escaparate de soluciones que permitan a otros municipios observar qué se está haciendo en diferentes regiones del país. La innovación municipal no necesariamente consiste en inventar algo completamente nuevo; también puede significar encontrar una mejor manera de resolver un problema conocido y demostrar que funciona. Y cuando esa experiencia puede medirse, sostenerse y compartirse, deja de ser únicamente una buena práctica local para convertirse potencialmente en un modelo de política pública.
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