Tradición y frescura se unen para redefinir el consumo de vino en el país, impulsado por bebidas más accesibles, de menor graduación alcohólica y momentos cotidianos que se convierten en celebraciones espontáneas.
Por: Rodrigo Pujol Del Toro ([email protected])
Durante décadas, abrir una botella de vino en México estuvo estrictamente reservado para aniversarios, cenas de etiqueta y eventos formales. Hoy en día, esa perspectiva ha dado un giro radical. Es cada vez más común encontrar una copa acompañando un brunch dominical, una comida casual entre amigos o una tarde de cocina en casa sin necesidad de un motivo extraordinario.
Esta transformación responde a la evolución del mercado de bebidas alcohólicas frente a nuevas generaciones que priorizan el consumo consciente y experiencias más relajadas. La Generación Z, que ya representa una cuarta parte de la población, muestra una marcada preferencia por perfiles más ligeros, sabores accesibles y menor graduación alcohólica.
Riunite y la nueva era del Lambrusco
Para conectar con este panorama, marcas con historia como Riunite apuestan por democratizar la categoría con su icónico Lambrusco naturalmente dulce de solo 8% de alcohol. Manteniendo la herencia de la tradición vinícola italiana, la etiqueta busca tender un puente generacional que fortalezca el vínculo con la Generación X, Millennials y la Gen Z, adaptándose a las necesidades de un público que vive el vino sin protocolos rígidos.
“Hoy vemos que el vino está dejando atrás muchos de los protocolos que durante años marcaron su consumo… Esa flexibilidad está acercando la categoría a nuevas generaciones que buscan experiencias auténticas, sencillas y fáciles de disfrutar”, señala Jonathan Campos, Director de Marketing de IDI, empresa comercializadora de la marca en México.
Cómo brinda cada generación
La relación con el vino se diversifica según los códigos de cada grupo generacional:
- Baby Boomers y Generación X: Mantienen al vino como un pilar de las celebraciones familiares, las tradiciones y las comidas compartidas.
- Millennials: Expandieron su consumo hacia reuniones después del trabajo, cenas casuales y escapadas de fin de semana, buscando equilibrio entre la gastronomía y la convivencia.
- Generación Z: Aceleran un cambio hacia la espontaneidad, buscando etiquetas versátiles que se adapten a terrazas, reuniones relajadas y estilos de vida dinámicos.
Asimismo, las preferencias del mercado reflejan un auge en la demanda de vinos rosados, espumosos y jóvenes, impulsados por la búsqueda de frescura. Para reflejar esta pluralidad, la marca une a figuras como Isabel Lascurain (tradición), Wattsopa (espontaneidad millenial) y Andy Badillo (estilo de vida auténtico y ligero), demostrando que una misma botella puede adaptarse a múltiples formas de convivir.
El vino ha dejado de esperar fechas marcadas en el calendario para descorcharse; ahora, el mejor pretexto es simplemente reunirse alrededor de una buena mesa.
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