En Sorpresas A-mén, el actor asumió el desafío de incorporarse a una obra consolidada en tiempo récord; entre comedia, canto y danza, encontró en Cleo un personaje que también le permitió explorar una versión más libre de sí mismo
Por: Rodrigo Pujol Del Toro
Hay personajes que llegan después de largos procesos de preparación y otros que obligan al actor a confiar en su oficio, en sus compañeros y en su capacidad para aprender a una velocidad extraordinaria. La Hermana Cleo llegó a Jorge Véliz de esa segunda manera.
Su incorporación a Sorpresas A-mén ocurrió prácticamente de manera inesperada. La invitación de Ricardo Díaz surgió después de varios años de trabajo compartido y de una relación profesional que también incluye a Juan Torres. El antecedente más importante fue El Mago de Wiz, experiencia que abrió la puerta a esta nueva colaboración.
Lo extraordinario fue el tiempo. Jorge tuvo cuatro ensayos y menos de una semana para aprender un musical completo, con 31 canciones, más de 100 hojas de libreto, coreografías y trazos escénicos. Y no se incorporaba a una producción en sus primeras etapas: llegaba a un espectáculo que ya había superado las 100 funciones.
Aprender a entrar en una historia que ya estaba viva
Para un actor, incorporarse a una obra consolidada significa algo más que memorizar un texto. Hay una energía previa, una relación entre los intérpretes y una serie de códigos que el público también ha aprendido a reconocer.
Jorge encontró ahí el verdadero desafío. Sus compañeros ya no estaban simplemente ejecutando personajes escritos: habían construido versiones propias de ellos mismos a través de más de 100 representaciones.“Ellos ya me llevaban 100 funciones de ventaja”, explica.
La diferencia entre aprender una obra y aprender una obra que ya está viva se hizo evidente durante los primeros ensayos. Sus compañeros podían jugar con el texto, agregar detalles, reaccionar de manera espontánea y disfrutar el escenario sin la misma carga de concentración que implica para alguien que acaba de llegar.
Por eso Jorge identifica como su mayor reto algo menos evidente que aprenderse las canciones: “ajustarme a su energía”.La frase habla también de una de las dimensiones menos visibles del teatro: la necesidad de construir una comunidad escénica. El actor no llega únicamente a ocupar un personaje; llega a incorporarse a un organismo que ya funciona.
Cleo como espacio de libertad

Dentro de esa estructura, la Hermana Cleo apareció como una posibilidad de exploración.
Cleo es la novicia, la más joven de las cinco religiosas. Es bailarina profesional, cantante y sueña con convertirse en una gran artista. Su juventud introduce una energía distinta en la congregación y su personalidad está marcada por el entusiasmo, la nobleza y el deseo de motivar a quienes la rodean.
Pero Jorge encontró algo más profundo en ella: la posibilidad de experimentar con una personalidad más desinhibida que la propia.
“Soy muy suelto, Cleo es muy suelta”, explica. Y esa diferencia se convirtió en una de las herramientas para construirla.
Hay una idea interesante detrás de esa afirmación. Actuar no siempre significa desaparecer dentro de otro personaje. A veces significa encontrar, a través de ese personaje, una parte de uno mismo que normalmente permanece contenida.
En el caso de Jorge, Cleo representa precisamente eso: una licencia para jugar, interactuar con el público y asumir una irreverencia que quizá no ejercería de la misma manera fuera del escenario.
La comedia de ser monjas y seguir siendo hombres
Sorpresas A-mén parte de una premisa que podría parecer sencilla, pero que exige una particular precisión: hombres interpretando religiosas.Ricardo Díaz, director de la puesta, plantea que el objetivo no es crear una imitación de mujeres. La comicidad surge precisamente de sostener ambos elementos simultáneamente: son monjas dentro de la ficción, pero el público sabe que son hombres interpretándolas.
Ese equilibrio evita que el recurso dependa exclusivamente de la caricatura.Para Jorge, además, existe una dificultad técnica concreta: las canciones demandan registros agudos y un trabajo vocal importante. La construcción física también debe ser suficientemente precisa para que el espectador pueda entrar en la ficción.
Y ahí ocurre algo que al actor le resulta particularmente significativo: algunos espectadores terminan olvidando por momentos que están frente a un actor.Después de las funciones, Jorge ha escuchado a personas decirle que estaban convencidas de que era una mujer. La anécdota, más allá de lo humorístico, habla de la capacidad del teatro para producir una suspensión momentánea de la realidad.
Cuando el productor también se vuelve compañero
Otro de los aspectos que Jorge destaca de su llegada a Sorpresas A-mén es la relación con Juan Torres.Ya existía entre ambos una historia profesional, pero esta producción permitió que la relación cambiara de lugar. Torres dejó de ser únicamente el productor con quien Jorge había trabajado para convertirse también en compañero de escena.
“Experimentar este lado con él, el que sea un actor más como nosotros y no solo el productor de este musical”, explica, ha sido una experiencia especialmente significativa.
El actor habla también de la vulnerabilidad que comparten quienes suben al escenario. El productor que observa desde fuera y el intérprete que se expone frente al público son dos dimensiones distintas de una misma persona.Compartir esa experiencia, dice Jorge, les permitió conocerse “más como humanos y como artistas”.
Y quizá esa sea una de las enseñanzas más importantes de su paso por la producción: el teatro también transforma las relaciones profesionales cuando obliga a compartir la vulnerabilidad del escenario.
Un teatro que necesita espectadores
Con la temporada acercándose a su cierre, Jorge hace una invitación que trasciende la obra.Sorpresas A-mén continúa en el Teatro Hidalgo con funciones de viernes a domingo y, de acuerdo con la información proporcionada por el actor, la temporada está pactada hasta el 18 de octubre.
Para Jorge, la razón para acudir es sencilla: reír, convivir y compartir una experiencia en vivo.Pero al final de la conversación hace un llamado más amplio: consumir teatro y arte para que el teatro continúe vivo en México.
“Necesitamos del público para que el teatro siga funcionando, para que el teatro siga haciendo magia y viva en México y que siga haciendo cultura”, afirma.Es una reflexión especialmente pertinente para una disciplina cuya existencia depende, en buena medida, de un acto tan sencillo como ocupar una butaca.
Lo que viene después de Cleo

La despedida de la Hermana Cleo tampoco representa un punto final para Jorge Véliz. El actor actualmente participa en las filmaciones de un proyecto mexicano de terror y fantasía cuyo nombre todavía no puede revelar.
Lo que sí puede adelantar es el tono. Describe la producción como una historia de terror y fantasía con una atmósfera que le recuerda al tipo de imaginario asociado con Guillermo del Toro, aunque aclara que el proyecto no tiene relación con el cineasta.
Al mismo tiempo, Jorge está construyendo un camino paralelo en la música. Hace poco lanzó un cover de Disney junto a una compañera que conoció durante un proyecto relacionado con la compañía, y ya trabaja en la siguiente etapa: música propia.
Ese movimiento resulta coherente con el perfil que ha mostrado durante su paso por Sorpresas A-mén. Cleo no es solamente una actriz que habla: canta, baila, interactúa y convierte el escenario en un espacio de juego.
Ahora, fuera del hábito, Jorge parece dispuesto a trasladar esa misma multiplicidad hacia otros territorios.
Una novicia que también deja una lección
La experiencia comenzó con una invitación inesperada y una decisión arriesgada. Cuatro ensayos para entrar a una producción consolidada podrían haber sido motivo suficiente para decir que no.
Jorge eligió lo contrario.Aprendió las canciones, el libreto, las coreografías y los trazos. Se enfrentó a compañeros que ya llevaban más de 100 funciones y tuvo que encontrar rápidamente una manera de que Cleo pareciera haber estado ahí desde el principio.
Pero también encontró algo que quizá no estaba previsto en el libreto: una versión más libre de sí mismo.La Hermana Cleo es una novicia que sueña con convertirse en bailarina y que llega a una congregación cargada de humor, música y caos. Para Jorge Véliz, en cambio, parece haber sido una pequeña invitación a confiar, jugar y atreverse.
Y cuando finalmente termine la temporada, quizá esa sea la parte del personaje que valga la pena llevarse: no necesariamente el hábito, sino la libertad que encontró debajo de él.
Jorge Véliz también mantiene una presencia activa en redes sociales, donde comparte parte de su trabajo como actor y cantante. En Instagram y TikTok pueden encontrarlo como @IamJorgeVeliz, mientras que en YouTube y Facebook aparece como Jorge Véliz. A través de estas plataformas, sus seguidores pueden conocer más sobre sus proyectos, incluida su reciente participación como actor invitado en Muero por Marilú, junto a Mar Escalante, así como seguir de cerca su nueva faceta musical y los próximos proyectos que prepara.


