Entre cábalas, canciones inolvidables y objetos coleccionables, México vive el torneo mundialista con una pasión que trasciende los 90 minutos de juego.
Por: Rodrigo Pujol Del Toro ([email protected])
Se cuenta que Hugo Sánchez evitaba patear al arco durante los entrenamientos. No por falta de práctica, sino porque prefería “guardar” los goles para el momento decisivo. Historias como esta abundan en el fútbol mexicano, un deporte que en nuestro país no se entiende solo con estrategia o técnica, sino a través de rituales que desafían la lógica.
Desde la playera que no se lava en toda la temporada por pura superstición, hasta el lugar exacto en el sillón desde donde se ve el partido; la cultura futbolera mexicana es un tejido de cábalas, reuniones improvisadas y una complicidad colectiva que aparece cada cuatro años. Cuando llega la Copa Mundial de la FIFA 2026™, el país cambia de ritmo: las oficinas se detienen, las ciudades se tiñen de los colores de la selección y cualquier espacio, por pequeño que sea, se convierte en una tribuna.
El coleccionismo como memoria emocional
Esta relación tan especial con el fútbol explica por qué los mexicanos tenemos una fascinación particular por lo coleccionable. Guardamos boletos, camisetas, vasos de estadios o álbumes, no como objetos inertes, sino como cápsulas de tiempo. Para el aficionado mexicano, coleccionar es una forma de extender el ritual y conservar las emociones de un instante que, de otro modo, se desvanecería.
Rexona celebra nuestra identidad
Inspirada en esta forma única de vivir el fútbol, Rexona ha presentado su colección de latas edición limitada para la Copa Mundial de la FIFA 2026™. Esta serie de cuatro diseños captura la esencia de nuestra afición, destacando elementos que van mucho más allá de la cancha:
- “Cielito Lindo”: Es quizás el diseño más emblemático. Representa ese momento mágico en que miles de gargantas —ya sea en un estadio, en la sala de casa o frente a una pantalla— entonan al unísono el “Ay, ay, ay, ay”. Más que una canción, es el sonido que nos identifica y transforma cualquier espacio en territorio nacional.
Cada diseño de la colección busca capturar esos códigos culturales que nos definen cuando rueda el balón. Desde la ilusión que renace cada cuatro años hasta el grito que logra unir a completos desconocidos, estas piezas son un homenaje a los rituales que pasan de generación en generación.
Al final del día, el fútbol en México nos ha enseñado que hay recuerdos que duran mucho más que noventa minutos y tradiciones que se vuelven parte de quiénes somos. Esta edición limitada de Rexona es una invitación a seguir celebrando, con la misma pasión de siempre, el lenguaje universal que todos hablamos cuando juega nuestra selección.
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