“Psiquiatra en apuros” utiliza el humor negro para hablar de ansiedad, empatía y de la necesidad de reconocer que nadie puede sostenerse solo para siempre.

Por: Rodrigo Pujol Del Toro
Durante mucho tiempo se creyó que la fortaleza consistía en resistir en silencio. Hoy sabemos que la verdadera fortaleza también implica reconocer los propios límites. Esa idea atraviesa “Psiquiatra en apuros”, la nueva puesta en escena que llegará al Foro Shakespeare del 5 de agosto al 27 de septiembre, una obra que convierte la consulta de un psiquiatra en un espacio para reflexionar sobre la fragilidad humana y la importancia de permitirnos recibir ayuda.
Para Gustavo Salas, actor, músico y compositor de la producción, el mayor acierto del texto escrito por Hugo Yoffe y Rodolfo Guillén radica en que evita presentar respuestas fáciles. En lugar de ello, construye personajes profundamente humanos que conviven con sus miedos, obsesiones y contradicciones.
“Lo primero que me enamoró del guion fueron los personajes. Son entrañables y muy cercanos. El público puede reconocer a alguien que conoce o incluso verse reflejado en ellos. Después entendí que el verdadero corazón de la obra está en observar cómo una persona que dedica su vida a ayudar a otros también puede necesitar ser sostenida.”
Gustavo interpreta a Benigno Manso, un hombre cuya necesidad obsesiva de controlar el orden y la limpieza termina afectando todas las áreas de su vida. Sin embargo, lejos de convertir ese comportamiento en motivo de burla, la obra invita a comprender el origen emocional que existe detrás de él.
“Benigno parece muy rígido, pero en realidad es un personaje profundamente tierno. Lo único que quiere es poder amar sin que sus obsesiones lo limiten. Creo que todos tenemos algo de Benigno cuando el miedo empieza a controlar nuestras decisiones.”

Uno de los aspectos más delicados del montaje fue abordar temas como la ansiedad, las obsesiones o incluso las ideas suicidas sin convertirlos en un recurso dramático superficial. Para lograrlo, el equipo creativo trabajó de la mano de Hugo Yoffe, quien además de dirigir la obra ejerce como psiquiatra.
“Todo el proceso estuvo muy cuidado. Nunca buscamos caricaturizar a nadie. El humor aparece porque los personajes son profundamente humanos, no porque nos riamos de sus problemas. Esa diferencia cambia completamente la experiencia del espectador.”
Como compositor, Gustavo también asumió el desafío de crear una música capaz de acompañar emocionalmente la historia sin invadirla.
“La música respira junto con los actores. Hay temas que comienzan siendo ligeros y terminan adquiriendo otro significado conforme evoluciona la escena. Además, muchas partes serán improvisadas en vivo, así que cada función tendrá una identidad distinta.”

Más allá de la experiencia teatral, el actor espera que el público salga con una reflexión sencilla, pero profundamente necesaria en los tiempos actuales.
“Me gustaría que la gente recordara que no estamos solos. Muchas veces nosotros somos quienes ayudamos a otros, pero también debemos aceptar que habrá momentos en los que necesitaremos que alguien nos ayude a nosotros. Pedir ayuda nunca debería ser motivo de vergüenza.”
En una sociedad donde el ritmo acelerado suele dejar poco espacio para hablar de emociones, “Psiquiatra en apuros” propone detenerse durante noventa minutos para mirar con más compasión a quienes nos rodean y, sobre todo, a nosotros mismos. Su mayor mérito quizá no sea hablar de salud mental, sino hacerlo desde la empatía, el humor y la esperanza.


