El trabajo digno no comienza en el surco, sino en el contrato. PERIPLO impulsa una visión donde la debida diligencia se centra en las personas desde el momento de su contratación.
Por: Rodrigo Pujol Del Toro ([email protected])
El esfuerzo de miles de jornaleros migrantes es el pilar que sostiene nuestra seguridad alimentaria. Sin embargo, a menudo olvidamos que las condiciones laborales de estas personas se definen mucho antes de que pisen el campo: todo comienza en el proceso de reclutamiento. La forma en que un trabajador es contratado —si se le engaña, si se le obliga a pagar cuotas o si se le priva de información clara— determina irremediablemente la calidad de vida que tendrá durante toda su relación laboral.
El reclutamiento como primer eslabón de los derechos humanos
PERIPLO, una iniciativa de Fundación Avina que opera en el corredor agrícola entre Guatemala, México y Estados Unidos, ha puesto el reclutamiento ético en el centro de su estrategia. La premisa es clara: una contratación equitativa, sin cobros ilegales y con transparencia absoluta, es la medida preventiva más poderosa para evitar violaciones a los derechos humanos antes de que estas ocurran.
Para que la debida diligencia deje de ser un ejercicio burocrático o de simple reputación, debe traducirse en acciones concretas que respondan a la realidad de la movilidad laboral agrícola. Entre los modelos que ya están marcando una diferencia encontramos:
- Migración laboral regular: Procesos certificados que garantizan la legalidad y seguridad del trabajador.
- Sistemas de monitoreo: Protocolos que acompañan al jornalero durante todo el ciclo migratorio, asegurando que sus derechos sean respetados en cada etapa.
- Políticas corporativas responsables: Empresas que adoptan protocolos de contratación ética como parte fundamental de su cadena de suministro.
Un llamado a la acción regional
En un momento donde los compromisos regionales en materia de empresas y derechos humanos están bajo revisión, el mensaje de PERIPLO es urgente: los Estados y las grandes empresas deben ampliar su mirada. La debida diligencia no debe limitarse a auditar lo que sucede en el lugar de trabajo, sino que debe extenderse hacia atrás, hasta el momento mismo de la contratación.
Reconocer el valor intrínseco de los trabajadores del campo —más allá de su cifra económica o su aporte a las remesas— es el paso necesario para construir una cadena de suministro verdaderamente responsable. Porque si queremos alimentos que lleguen a nuestra mesa con justicia, debemos asegurar que el camino de quienes los cosechan esté pavimentado con dignidad desde el primer día.
Nómada Capital: Analizando las iniciativas que humanizan las cadenas de suministro globales y garantizan la ética en el trabajo agrícola.
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