La actriz reflexiona sobre cómo el arte puede acercar temas como la migración, la resiliencia y la esperanza a las nuevas generaciones a través de Martina y los hombres pájaro.
Por: Rodrigo Pujol Del Toro ([email protected])
La migración suele analizarse desde sus implicaciones económicas, sociales o políticas. Sin embargo, existe una dimensión menos visible: el impacto emocional que deja en quienes permanecen esperando. Esa es la conversación que propone Martina y los hombres pájaro, una obra que utiliza la imaginación como vehículo para hablar de ausencia, identidad y esperanza.

En entrevista con Nómada Capital, Bruceth Boyzo explica que el mayor reto del montaje consistió en encontrar una manera sensible de abordar una problemática compleja sin perder la capacidad de asombro propia de la infancia.
“El texto de Mónica Hoth tiene una línea muy amable que nos acompaña sin dejar de lado la importancia de hablar de este tema en la actualidad”, señala.
Cuando el teatro se convierte en un puente de empatía
En un contexto donde miles de familias mexicanas viven separadas por la migración, la actriz considera que el teatro puede abrir conversaciones necesarias entre padres e hijos.
“Es importante que nuestras niñeces también se involucren en este tipo de temas porque son cosas que pasan en nuestro entorno y en nuestra sociedad”, afirma.
La historia evita el dramatismo explícito y apuesta por un universo lleno de símbolos, personajes fantásticos y referencias culturales inspiradas en Guerrero, convirtiendo la experiencia en una reflexión accesible para toda la familia.
El valor de contar historias desde la infancia
Para Boyzo, interpretar a personajes infantiles le permitió comprender que las experiencias vividas durante los primeros años dejan huellas profundas.
“Me hizo pensar cómo una niña procesa algo que incluso para los adultos resulta muy difícil comprender y cómo esas experiencias pueden marcarla cuando crece”, explica.
Ese enfoque coincide con la filosofía de Raíz y Memoria, compañía fundada en 2018 que ha participado en festivales como el Festival Internacional Cervantino y el Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro, en España, consolidando una propuesta que combina creación artística, memoria colectiva y diálogo comunitario.
Una experiencia que va más allá del entretenimiento

Aunque la obra aborda temas sensibles, la actriz insiste en que el público encontrará una experiencia luminosa.
“Martina es un gran producto; te vas a divertir mucho, pero también te llevarás un mensaje de esperanza y la oportunidad de mirar realidades que quizá antes no habías visto”, comenta.
La producción cuenta con dramaturgia de Mónica Hoth, dirección de Rodolfo Soto, producción de Erick Herrera Borja, música original de Yurev Viveros, vestuario de Clarisse Monde y escenografía e iluminación de Edgar Mora.
Las funciones se realizarán los 25 y 26 de julio, así como el 1 y 2 de agosto, a las 13:00 horas, en el Teatro Sergio Magaña de la Ciudad de México.
Para Boyzo, el mayor deseo del elenco es que la historia continúe viajando.
“Queremos compartirla con espectadores de diferentes regiones para que este mensaje llegue a muchas más familias”, concluye.
Fuera de esta producción, Bruceth Boyzo también participa en el equipo de producción de La Noche de Combate, una propuesta de la Escuela Mexicana de Combate Escénico que busca acercar al público al arte del combate teatral mediante escenas inspiradas en películas emblemáticas. El proyecto iniciará una gira durante septiembre en recintos de la UNAM y diversos espacios educativos, con funciones abiertas al público, reflejando el interés de la actriz por impulsar iniciativas que amplían el alcance del teatro y promueven nuevas formas de expresión escénica.


